Su historia en el libro.
El yelmo de Mambrino es uno de los objetos más recordados del Quijote. Don Quijote ve venir por el camino a un barbero con una bacía de latón en la cabeza para no mojarse, y decide que es el yelmo encantado del rey moro Mambrino. Carga contra él, el barbero se tira del burro y huye, y la bacía se queda en el suelo. Sancho ve una bacía y lo dice, y lo sigue diciendo capítulos después, hasta el pleito de la venta. De esa discusión sale su palabra: baciyelmo. Les da la razón a los dos y a ninguno.
En publicidad pasa todo el rato. Un anuncio es una obra maestra o es un desperdicio según quién mire el panel, y las dos partes tienen argumentos. La única salida es la que usa Mambrino: decidir de antemano qué número convierte la bacía en yelmo. Objetivo declarado antes de lanzar, y el dato manda por encima del gusto.

Sancho
Hamete
Dulcinea
Rocinante
Maese Pedro
Alarife
Merlín
Sansón
Aldonza